Don José y el telar centenario en Concepción de Ataco

Turistas extranjeros, principalmente, llegan al taller de tejido para conocer cómo se confecciona la tela, que llama la atención por los múltiples colores que utiliza el artesano José Humberto Tobar.

Con movimientos de pies para mover las palancas y de manos para pasar la lanzadera (aguja de madera) de un lugar a otro, todo de forma sincronizada, don José pasa gran parte de su día confeccionando en el único telar que aún funciona en Concepción de Ataco, Ahuachapán, y que él considera que fue construido hace cerca de cien años.

José Humberto Tobar también es el único operador de estas máquinas artesanales que se mantiene activo, ya que los otros cuatro telares del negocio donde labora (Axul Artesanía) fueron guardados después de la reapertura económica generada en el marco de la pandemia por el COVID-19. Esto porque las ventas y los turistas, principalmente extranjeros, fueron en descenso.

Otro telar que está contiguo a la máquina que utiliza don José está en desuso.

Sin embargo, don José no pierde la emoción de sentarse cada mañana en el telar y comenzar a confeccionar tal como lo aprendió cuando apenas tenía 15 años.
Sus padres le dieron tres opciones para que aprendiera un oficio; pero a él no le gustó la zapatería, sastrería y carpintería.

En su comunidad había visto un taller de telas que le llamó la atención por lo que solo fue a platicar con el encargado, quien le dio la oportunidad de aprender dicho oficio.

Llegaba al taller a las 8:00 de la mañana y se retiraba hasta las 6:00 de la tarde porque quería conocer todos los secretos de la confección de telas; algo que logró en seis meses.

“Nunca pensé que aprender este oficio me serviría para toda la vida”, reconoció mientras laboraba en el telar.

Recordó que antiguamente existían múltiples telares en Concepción de Ataco; pero debido a la industrialización del rubro, los mismos comenzaron a desaparecer, aproximadamente, a partir de los años noventa.

“Esto fue bajando, bajando, bajando, porque quiérase o no, usted ve el esfuerzo que se hace para sacar una tela. En cambio esas fábricas por minutos les están aventando un montón de tela”, razonó el ahuachapaneco de 65 años de edad.

Ejemplificó que cincuenta yardas de tela son confeccionadas en ocho días de trabajo. Eso hace que cada yarda tenga un precio alto, pues rondan los $9, pues además de mucho trabajo son hechas con materiales de calidad.

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